Tiempo atrás el discurso marxista promovía la lucha revolucionaria para terminar –decían- con la desigualdad social entre clases: proletarios vs. burgueses, propietarios vs. trabajadores, y nuestros “violentólogos” siguen afirmando y justificando la existencia de la guerrilla por las desigualdades socioeconómicas en Colombia (¿acaso no existen en todos los demás países de Latinoamérica, donde no sufren la peste guerrillera?’). No señores: la brecha social actual preocupante no es tanto entre ricos y pobres sino entre ocupados y desocupados, porque al paso que vamos la gente se despertará cada día no alegre de vivir sino angustiada por sobrevivir. Todo el mundo entiende esta realidad, excepto un puñado de izquierdosos criollos, todavía atontados por el golpe que les propinó la caída del Muro de Berlìn hace 20 años. Otros alegan que “hay que cambiar el modelo económico”, pero no agregan por cuál otro. Y casi todos los aspirantes a la presidencia se limitan a denunciar en tono solemne lo que todo mundo sabe: hay que resolver los problemas socioeconómicos… pero no dicen cómo ni con qué. Lo grave es que este problema de falta de ocupaciòn productiva se extiende con la actual crisis económica cual epidemia por todo el mundo, y en nuestra frágil sociedad colombiana podría destrozar el delicado tejido interno que nos une como nación de gente buena.
Qué es una CRISIS ECONÓMICA? Es una situación caracterizada por depresión o inflación excesiva en el ciclo económico; el aparato productivo de un país se contrae y se genera escasez de bienes, inestabilidad en el mercado monetario y de créditos, acompañada por quiebra de bancos y pérdida de confianza del público en las instituciones financieras, como las que prestan o guardan la platica ajena, y le sigue una CRISIS DE LIQUIDEZ (o falta de platica) porque se reduce drásticamente el dinero disponible para prestar, limitando seriamente la posibilidad de endeudarse para producir o gastar, y como consecuencia se reduce el consumo y la inversión, afectando a su vez el crecimiento económico y las fuentes de trabajo remunerado. Todo un círculo vicioso.
Lo básico, la clave de la riqueza de las naciones y de sus gentes es mejorar el PRODUCTO INTERNO BRUTO (PIB) o suma de la producción de una economía que refleja el flujo de bienes y servicios producidos en un país en un determinado periodo de tiempo; para ello es CONDICIÓN NECESARIA (sin la cual algo no es posible) la SEGURIDAD nacional y personal y la administración basada en la HONESTIDAD y la EFICIENCIA. Con estos valores podremos mantenernos a flote en medio de la crisis. No puede la historia dar marcha atrás en algunos avances de la humanidad coadyuvantes de la actual desocupación planetaria, como fueron, primero, la revolución industrial y sus máquinas, y luego la incorporación plena de la mujer al mercado laboral permitiendo su mayor realizaciòn personal pero duplicando la oferta laboral. Hay, sin embargo, otros factores co-responsables del problema, sobre los cuales sí podríamos intervenir al menos a largo plazo: el crecimiento poblacional – y llegar al Nivel Cero de Crecimiento (ZPG) y controlar el avasallador influjo de la tecnología, en especial de la robótica, como ya nos había advertido el notable escritor H. G. Wells. Porque, de no hacer nada ¿qué le espera a la creciente generación infantil que viene en camino hacia el trabajo? A falta de trabajo productivo habrá tanta delincuencia que los (muy costosos) sistemas policiales y judiciales colapsarán.
Lo espinoso del asunto estriba en que la Economía nos coloca en la misma situación de los antiguos navegantes griegos cuando debían pasar por un importante y muy estrecho paso marítimo en cuyos lados –Escilla uno, Caribdis, el otro- arreciaban desastrosos remolinos entre arrecifes, de tal suerte – o mala suerte- que los marinos cuando intentaban alejarse de uno, irremediablemente naufragaban en el otro. Por ejemplo, dicen que no hay dinero en circulación para mover la economía… pero si aumenta el circulante, entonces arrecia la inflación y los precios se elevan; si disminuye el precio del dólar, celebran los importadores y se desvelan los exportadores; las entidades financieras deben prestar dinero para activar la economía, pero precisamente por la crisis crecerá la cartera de dudoso recaudo a costa de los ahorradores. Todos preferimos productos de buena calidad, que duren toda la vida –como los “made in Germany”- pero a la larga, se satura el mercado y cierran las fábricas… entonces entran los desechables “made in China”. Y si debemos limitar los gastos a lo esencial, perderá la industria de la diversión y de los atractivos productos suntuarios, que ocupan a tanta gente. Importar arroz, maíz o cemento para venderlos a precios más baratos que los nacionales agradará a todos los consumidores, pero dejará sin oficio a los productores. Entonces, los productores deben incorporar máquinas y robots para producir más barato desplazando la mano de obra humana…
Ante este panorama trágico soñamos con genios de la economía política que aparezcan con el “modelo” para romper el cìrculo vicioso, y sin duda llegarán, porque en todas las generaciones la gente cree que atravieza los momentos peores de la historia y los ancianos exclaman que “llegó la hora llegada”, pero la siguiente generación siempre ha sabido encontrar remedios a las situaciones que las anteriores consideraban insolubles.
En Colombia hemos tenido excelentes ministros de Economía y gracias ellos nuestra economìa nacional se ha mantenido sin mayores sobresaltos mientras han naufragado casi todas en nuestro continente; saco de la lista al ex presidente Gaviria, cuando le dio por abrir de golpe el mercado sin permitirle a nuestros industriales prepararse para la invasión de productos extranjeros.Afortunadamente tenemos un presidente objetivo, honesto y capaz, y en la arena política ya se encuentra el Dr. Andrés Felipe Arias, un candidato joven con iguales dotes, energía, conciencia social y preparado para enfrentar con inteligencia y eficiencia los nuevos desafíos, como ya lo ha demostrado con creces en su paso por el ministerio. Además, a diferencia de otros aspirantes, presenta soluciones específicas para el problema mencionado, como la creación de nuevos polos de desarrollo en el campo colombiano. Y lo que más admiro de él es que tampoco tiene pelos en la lengua para hablar claro, con las palabras precisas y sin tapujos, miedos ni las zalamerìas electoreras propias de casi todos los candidatos presidenciales del pasado… y de quienes se ven venir.